D.O.
Toro
Antes de la llegada de los romanos, en Toro ya se hacía vino.
Los diversos restos arqueológicos hallados en la zona, entre
los que hay numerosos utensilios para el cultivo de la vid dan buena
prueba de ello. De esta época romana y de su cultura del vino
nos hablan las ánforas encontradas. Durante los visigodos se
regulan unas medidas protectoras, recogidas en el Código Visigótico
de Eurico. Entre otras, se determinaba que aquél que arrancase
una cepa, estaba obligado a plantar dos más. He aquí una
buena medida fomentando el desarrollo vitícola. Pero la aparición de la plaga de la Filoxera en todos los viñedos españoles, hacia finales del siglo XIX, cortó de raíz la fama de estos vinos. Desde ese momento y hasta hace muy poco, los vinos de Toro se perdieron en el olvido y quedaron relegados a vinos a granel que se vendían para aumentar el grado y el color de otros. Hasta que en tan sólo unos pocos años, desde que en 1987 se creó la Denominación de Origen, estos vinos han experimentado un auténtico redescubrimiento. Los vinos de Toro han vuelto a ocupar el lugar que les corresponde por su calidad. En 1985 obtiene la Denominación Específica y el 29 mayo de 1987 se consigue la Denominación de Origen para tres tipos de vinos: blancos, rosados y tintos, con la mención de “jóvenes”, “crianzas”, “reservas” y “grandes reservas”. En el año 1995 se comercializaron 30.000 hectolitros para el mercado nacional, de los cuales 10.535 fueron embotellados. Para la exportación se dedicaron 2.890 hectolitros embotellados. Se alcanza habitualmente una producción media anual de 12.500.000 Kg., pertenecientes a las 2.500 ha. de viñedo inscritas. Estas cifras dan una idea de la importancia de esta actividad en la zona vitivinícola de Toro. Esta zona, de una gran historia y de un prometedor futuro, ya ofrece unos vinos tintos que pueden competir entre los más sobresalientes de otras zonas Castellano-Leonesas y del resto de España.
Esta comarca vitivinícola, con 40 Km. de longitud por 40 Km. de anchura y con más de 4.000 hectáreas de viñedo plantadas en las provincias de Zamora (principalmente) y Valladolid, de asentamiento junto al río Duero, al sureste de la provincia de Zamora, es la última zona vinícola española bañada por el gran río Duero, el cual continúa con su curso por tierras portuguesas, regando la primera zona vinícola lusitana de Oporto. El territorio incluye las comarcas naturales de Tierra de Vino y las Riberas del río Duero, el más importante, que fluye por la zona de este a oeste por los términos municipales de Villafranca de Duero, San Román de hornija, Toro y Peleagonzalo. Las del río Guareña, afluente del anterior, que cruza de sur a norte los términos municipales de Bóveda de Toro, Villabuena del Puente y Toro. Del río Talanda. que discurre casi paralelo al anterior, pasa por Arguijillo, San Miguel de la Ribera, El Piñero, Venialbo y Sanzoles y del río Hornija, que pasa por el N.E., desemboca también en el Duero, atravesando Villaester y San Román de Hornija.
Sus vinos se desarrollan en la provincia de Zamora en los 12 términos municipales de: Arguillo, La Bóveda de Toro, Morales de Toro, El Pego, Peleagonzalo, El Piñero, San Miguel de la Ribera, Sanzoles, Toro, Valdefinjas, Venialbo y Villabuena del Puente. Y los 3 términos municipales de la provincia de Valladolid que están acogidos a esta Denominación de Origen: San Román de Hornija, Villafranca del Duero y los pagos de Villaester de Arriba y Villaester de Abajo, dependientes del municipio de Pedrosa del Rey.
Su clima es continental extremado con alguna influencia atlántica, con veranos secos y calurosos e inviernos muy fríos y secos. El período de heladas va de octubre a mayo; el número de heladas al año puede llegar a 85. La temperatura media es de 13.5 grados, con valores extremos de 37º C. a finales de julio y mínimas de –11ºC durante los meses de diciembre a marzo. La oscilación verano-invierno para las temperaturas medias es de 10º C. Las lluvias se producen principalmente en las estaciones de primavera y otoño; sus precipitaciones medias son de 350-400 mm. anuales, situándose los mínimos en las proximidades de la Tierra de Toro y los máximos en la zona de la Guareña y con una alta luminosidad, recibiendo unas 2.600-3.000 horas de sol al año. De acuerdo con estas características señaladas, el ciclo vegetativo de la vid en la comarca, es de unos 230 días. Su
suelo, profundo y suelto a veces pedregoso, escaso en materia orgánica
y nutrientes y en sales minerales, a excepción de los cercanos
al cauce del Duero, ofrece una orografía suave y ondulada, de
ligeras pendientes y pequeñas elevaciones (altitudes de 620,
750 m.). El terreno de los viñedos puede llegar a ser profundo,
de tierra suelta y con frecuencia pedregoso y pobre en materia orgánica,
excepto en el caso de las terrazas próximas al Duero. Los suelos
presentan un cierto color pardo-amarillento, una textura arenosa y un
PH de 6,5, disponiendo en general de buenas condiciones para el drenaje,
la aireación y la receptividad de las aguas. Por todo lo descrito
anteriormente se obtienen unas producciones de uvas, cortas en peso
pero excelentes en calidad.
Sus uvas. Están autorizadas cuatro variedades de uva para la elaboración de sus vinos:
De estas variedades se considera como principal la Tinta de Toro.
Estos
límites podrán ser modificados en determinadas campañas
por el Consejo Regulador. Se aplicarán presiones adecuadas para
la extracción del mosto y del vino y su separación de
los orujos, de forma que el rendimiento no sea superior a 70 litros
de mosto o vino por cada 100 kilogramos de vendimia. La densidad máxima
de plantación es de 2.700 cepas por hectárea. El número
máximo de yemas productivas por hectárea es de 32.000
yemas y la formación de las cepas es en vaso o espaldera.
Los
blancos, principalmente con elaboración varietal de Malvasía,
de 11º a 13º, comienzan su proceso con una ligera maceración
en frío con la uva estrujada y despalillada, continuando con
una fermentación lenta y controlada; de colores amarillo pálido
verdoso; son amplios y untuosos en boca, con un toque personal de aromas
primarios característicos de esta uva. Se producen unos vinos tintos jóvenes o de cosecha, de 12,5º a 15º, con su variedad Tinta de Toro; con capa alta, de unos tonos intensos rojos y gránate con reflejos azul y violeta; de aromas nítidos a frutas maduras y con un paso de boca largo y pleno de armonía. Son fuertes y afrutados, conteniendo unos ciertos toques de fermentación; poseen buena estructura en boca, con buen cuerpo; y son sabrosos, amplios y persistentes. Sus tintos de crianza están elaborados con uvas seleccionadas de la variedad Tinta de Toro. Se mantienen al menos 6 meses en envases de madera de roble, para posteriormente alojarlos un mínimo de 18 meses en botella, antes de su comercialización. Serán unos vinos longevos, destacando sus aromas de sustancias especiadas, manteniéndose sus propias características. También se elaboran excelentes vinos tintos de Reserva, y en este caso el vino deberá tener un mínimo de tres años naturales, donde se someterá a un proceso de envejecimiento mixto en envase de roble y botella. Se establece un periodo mínimo de doce meses durante los cuales el vino permanecerá en envase de roble. Y se elaboran grandes vinos de Gran Reserva, en cuyo caso. el vino deberá tener un mínimo de cinco años naturales, donde se someterá a un proceso de envejecimiento mixto en envase de roble y botella. Se establece un periodo máximo de veinticuatro meses, durante los cuales el vino permanecerá en envase de roble. En todos los casos, los envases de madera de roble nunca serán superior a 1.000 litros de capacidad.
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