EL VINO EN MÉXICO


Antes de la llegada de los españoles, en México, ya había uva, pero los habitantes desconocían el vino.

En la época precolombiana, los indígenas utilizaban las vides salvajes para hacer una bebida a la que agregaban otras frutas y miel; hasta la fecha en algunos lugares se hace el vino de acachul con uvas y frutas silvestres.

Las vides salvajes (cimarronas) estaban cargadas de racimos, pero por su acidez no producían vino. Había especies diferentes de vides silvestres como vitis rupestris, vitis labrusca y vitis berlandieri. Eran diferentes de la
vitis vinífera europea, que es la especie de vid más apropiada para elaborar vinos de calidad.

Se considera a Juan de Grijalva ser el primer navegante español que tomó vino con señores aztecas enviados por Moctezuma en el antiguo Tenochtitlan. Fue el día 24 de junio de 1517.

Para los conquistadores y colonizadores españoles el vino constituía parte fundamental de su dieta cotidiana, y por ello se incrementó rápidamente la comercialización de esta saludable bebida en las tierras recién descubiertas. El vino se consumía como alimento, como medicina y como reparador de fuerzas.

La historia del vino en México se desenvolvió durante la Colonia al ritmo de las imposiciones de su metrópoli. Las primeras vides europeas que se plantaron en México fueron traídas por los conquistadores y misioneros españoles. En México, se plantaron las primeras cepas europeas que crecieron en el continente americano. La "vinis vitifera" llegó en 1521, y a partir 1531 Carlos V ordenó que cada navío con destino a la Nueva España partiera con vides y olivos.

El viñedo de la Nueva España comenzó a extenderse a partir de la ciudad de México, capital del virreinato, hacia las regiones septentrionales: Querétaro, Guanajuato y  San Luis Potosí, alcanzando posteriormente un gran desarrollo en el Valle de Parras,  y luego en Baja California y en Sonora, En esa época se desarrollaron también los plantíos en Puebla ( Tehuacan y Huejotzingo).

Los más ocupados en extender la viticultura fueron los misioneros, especialmente los jesuitas en la California y Baja California. Unas plantaciones de las que procede una uva testimonial que hoy llaman "criolla" o "uva misión".

Hernán Cortes, gobernador de Nueva España en el siglo XVI , ordeno el 20 de Marzo de 1524 que cada colono plantara 1.000 pies de vid por cada cien aborígenes. Ya desde aquel tiempo se comenzó a practicar la injertación de la Vitis vinífera en cepas autóctonas, lo que  entonces no se hacía en ningún otro país del mundo.

Así el capitán Francisco de Urdiñola estableció en 1539  la bodega vinícola en la Hacienda de Santa Maria de las Parras (estado de Coahuila)

En 1626, Lorenzo García inauguro las Bodegas de San Lorenzo y lo vendió en 1634 a Luis Hernández Escudero.

Las vides se adaptaron a sus nuevos emplazamientos y fueron suficientemente productivas como para elaborar al mismo tiempo vino y aguardiente.

Gracias a esa aceptación, la calidad de la uva, y por ende del vino, se incrementó considerablemente y alcanzó gran fama. Tal fue el hecho, que el Rey Felipe II prohibió el cultivo de uvas y la producción de vino en México, pues el vino mexicano era el mayor competidor de la producción española. Únicamente se permitió elaborar vinos para cubrir las necesidades de la Iglesia.

Así es como la corona española prohibió la producción del vino, por el temor de que en un futuro hubiera competencia con España, porque los viñedos se aclimataron rápidamente.

La Ley XVIII, titulo XVII de la Recopilación de las Indias estableció la total prohibición a sembrar viñas en México pero se podía seguir utilizar los viñedos existentes.

Los misioneros se negaron a acatar tan bárbara disposición y continuaron difundiendo, si bien en pequeña escala, el cultivo de la vid y la elaboración del vino en la Nueva España.

 


 

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